"Arrodillada frente a la pequeña Choumi, intentaba anudarle
correctamente un obi ligero, pero era difícil cuando la chiquilla no dejaba de
moverse ni por un instante. Debía de ser cosa del sol, que le transmitía su energía,
o de la felicidad que sin duda le producía poder volver a llevar su yukata de
algodón, mucho más fresco y menos pesado que los kimonos que solíamos llevar en
invierno.
- Quédate quieta, ya casi está –le insté mientras le recogía
el pelo con unas horquillas que simulaban ser girasoles, una flor propia
de la estación que comenzaba.
